(2017) La revolución de los paraguas en Hong Kong, tres años después: una represión prolongada

Friday 13 October 2017, by Miguel Angel Martinez

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Publicado en El Salto, 13/9/2017

La revolución de los paraguas tres años después: una represión prolongada

Desde el 28 de septiembre hasta el 15 de diciembre de 2014 –se cuenta convencionalmente como 79 días o dos meses y medio de ocupaciones callejeras– tuve la oportunidad de presenciar la movilización más intensa en favor de la democracia que se ha realizado en Hong Kong. Fue una feliz coincidencia que otro movimiento tipo Occupy me afectara tan profundamente después de mi implicación anterior en el movimiento 15M en España de mayo de 2011 hasta 2013.

Sin embargo, las diferencias entre los dos movimientos eran más significativas que sus rasgos compartidos –la naturaleza espacial de las acampadas, las reivindicaciones de una “democracia real” y un intenso uso de la tecnopolítica. En mi opinión, la ola de protesta global de los movimientos tipo Occupy ha sido a menudo exagerada. Más allá de las protestas más interconectadas en 2011 y 2012 que de alguna manera se habían inspirado entre sí (Primavera árabe, 15M, Plaza Syntagma en Atenas, Occupy Wall Street, Occupy London y Parque Gezi en Estambul), las movilizaciones siguientes (YoSoy132 en México, Passe Livre y otras protestas en Brasil, Black Lives Matter en Estados Unidos, la revuelta en Hamburgo contra el desalojo del centro social okupado de Rote Flora y el movimiento estudiantil de los girasoles en Taiwán, por mencionar algunos casos notorios) se diferenciaron en términos más sustanciales (objetivos, contextos políticos, repertorio de protesta y manifestaciones espaciales). Si quisiéramos agrupar todas esas luchas en una única ola de protesta transnacional de más largo recorrido después de 2012, deberíamos, al menos, prestar atención a los matices relevantes. El caso de Hong Kong, pues, resulta útil a esos efectos.

La información que recabé provenía directamente de mis visitas a los tres lugares de acampadas donde podía hablar en inglés con algunos activistas, aunque la barrera del idioma me impedía entender lo que circulaba exclusivamente en cantonés. Afortunadamente había una abundante cobertura de noticias en inglés y también pude conversar largo y tendido con algunos de mis estudiantes de la City University de Hong Kong, algunos de los cuales me ayudaron a hacer entrevistas a otros participantes. Por entonces estaba impartiendo varios cursos sobre ciencia política por lo que el caso de la Revolución de los Paraguas era continuamente discutido en clase desde diferentes perspectivas de análisis, incluida la marxista. Mi último semestre en Hong Kong, hasta finales de 2016, fue especialmente intenso porque pudimos abordar también algunos efectos institucionales postergados de la Revolución de los Paraguas y las medidas represivas contra sus cabezas más visibles.

A finales de 2014, la principal narrativa sobre la Revolución de los Paraguas señalaba que no había logrado satisfacer las exigencias de un genuino sufragio universal tanto para elegir el poder ejecutivo como el legislativo de Hong Kong. Lo único que la movilización habría conseguido, según ese discurso dominante, sería aire limpio en algunas de las calles más transitadas de la ciudad, una profunda y rápida socialización política para y por los jóvenes (o, en otras palabras, una mayor sensibilización sobre la democracia liberal) y una positiva radicalización del fragmentado y algo anquilosado espectro de partidos políticos pan-democráticos (opuestos al campo pro-Pekín, incluido el gobierno de Hong Kong). En un relato menos halagüeño, muchos comentaristas señalaron que la Revolución de los Paraguas hizo explícitas o incluso exacerbó las profundas polarizaciones políticas y sociales entre los partidarios de ambos campos.

Durante las sextas elecciones parlamentarias de Hong Kong en septiembre de 2016, se prohibió la participación de algunos de los candidatos llamados "localistas", quienes reclaman una mayor autonomía o incluso la independencia para Hong Kong. Algunos otros independentistas sí pudieron competir. Todos ellos representaban un movimiento emergente que ganó muchos simpatizantes durante la Revolución de los Paraguas y en los años posteriores, sobre todo. Desde el establecimiento de Hong Kong como una Región Administrativa Especial de China en 1997, el localismo ha recreado cada vez más una identidad propia para los habitantes de Hong Kong en oposición a un “otro” casi siempre asociado a los inmigrantes, turistas y autoridades de la China continental, al otro lado de la frontera que aún sigue vigente. La Revolución de los Paraguas fue el caldo de cultivo ideal para que ese movimiento localista se transformase en varios partidos políticos una vez que las tiendas fueron desalojadas de las calles.

Después de varios incidentes en las semanas previas a las elecciones, como las amenazas de muerte a un candidato del Partido Liberal que retiró su candidatura, los partidos pan-democráticos obtuvieron unos buenos resultados que les permitirían, al menos, vetar algunos proyectos de ley en el parlamento (LegCo), a pesar del enorme peso que tiene el poder ejecutivo para sacar adelante sus propuestas. La novedad más destacada de esas elecciones se manifestó en los ocho nuevos escaños ganados por candidatos que eran participantes destacados, activistas o líderes de la Revolución de los Paraguas. A uno de ellos, Eddie Chu, también un destacado activista ambiental, se le denominó el "rey de los votos" debido al gran apoyo electoral obtenido. Apenas días después de las elecciones tuvo que solicitar protección policial y mudarse a un lugar secreto por ausa de las amenazas recibidas tras haber revelado una operación inmobiliaria que involucraba directamente al Jefe del Ejecutivo, C.Y. Leung.

La vivienda pública es un tema candente en Hong Kong debido a la gran demanda de viviendas asequibles y los gobiernos anteriores solo han implementado políticas muy tímidas e insuficientes en esta materia, manteniendo un enfoque muy neoliberal del mercado de la vivienda, con generosos apoyos a los promotores y, en general, con una tributación muy baja de los beneficios empresariales que rige en todo el territorio (de ahí que sea referido, con frecuencia, como un paraíso fiscal y sede estratégica de inversiones financieras en Asia). Después de semanas de atención de los medios, C.Y. Leung se vio obligado a admitir que había rebajado la escala de un desarrollo de vivienda pública (Wang Chau, en Yuen Long) por compromisos adquiridos con influyentes propietarios, políticos e incluso grupos criminales de la zona.

Curiosamente, justo después de las elecciones, las fuerzas políticas conservadoras que respaldan los intereses de Pekín y se oponen a cualquier cambio dentro de la limitada configuración democrática de Hong Kong hasta su probable disolución final en 2047, iniciaron una feroz campaña de ataques a los "Legisladores de la Revolución de los Paraguas". En noviembre de 2016, dos jóvenes localistas (Baggio Sixtus Leung y Yau Wai-ching) fueron despojados de sus escaños porque tanto el gobierno central chino (en particular, el Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo) como el de Hong Kong instaron a los tribunales a anular la forma en que hicieron su juramento al tomar posesión. Los reglamentos creados ad hoc en torno al carácter solemne y el contenido concreto del juramento fueron aplicados para sancionar el uso que los localistas habían hecho del ritual de juramento para airear sus aspiraciones independentistas con una bandera de "Hong Kong no es China" y expresiones agresivas contra China. Como mencioné antes, su partido político, Youngspiration, fue uno de los varios que se formaron después de diciembre de 2014.

Las secuelas de esa batalla legal eran bastante predecibles. Otros legisladores pan-demócratas y asociados a la Revolución de los Paraguas fueron los siguientes objetivos de la impugnación. A mediados de julio de 2017, se confirmó que cuatro legisladores más perdieron su escaño por supuestas violaciones del reglamento ad hoc que establece como declarar el juramento parlamentario. Eddie Chu, por ejemplo, agregó su compromiso de "luchar por un sufragio universal genuino". Lau Siu-lai leyó el texto oficial del juramento a un desesperante ritmo lento, durante casi diez minutos. Leung Kwow-hung (también conocido como "Long Hair", probablemente el único legislador de carácter socialista y que había sido continuamente reelegido desde 2004) portó un paraguas amarillo (el símbolo principal de la Revolución de los Paraguas) al subirse al estrado.

Y Nathan Law, el parlamentario más joven en la cámara (23 años), citó el "nunca podréis encarcelar mi pensamiento" de Mahatma Gandhi. Nathan Law, en concreto, fue uno de los más destacados líderes estudiantiles universitarios durante la Revolución de los Paraguas y una figura clave del partido político Demosisto, también creado en la etapa de resaca de las protestas en las calles (por citar una anécdota, algunos miembros de Demosisto me dijeron que Podemos había sido una de sus fuentes de inspiración). En este mes (septiembre de 2017), el Tribunal de Apelación Final ha rechazado la solicitud de apelación de Yau y Leung, por lo que muchos esperan que tampoco haya vuelta atrás para los demás expulsados del LegCo.

Nathan Law y otros dos ex líderes estudiantiles de la Revolución de los Paraguas, Alex Chow (27 años) y Joshua Wong (20 años), fueron sentenciados a prisión de 6 a 8 meses por "asamblea ilícita". Los tres líderes fueron declarados culpables basándose en la evidencia de que ocuparon e incitaron a docenas de personas a penetrar en un espacio público cercado (irónicamente llamado Plaza Cívica) junto a la sede del gobierno de Hong Kong. Esos hechos fueron detonantes de la ocupación masiva de las calles un día después, el 28 de septiembre de 2014. Dos de ellos (Law y Wong) habían sido condenados previamente a servicios comunitarios y uno (Chow) a prisión conmutada por tres semanas de arresto domiciliario.

Sin embargo, el gobierno de Hong Kong apeló y consiguió que se les aplicaran sanciones más duras. Debido a estos antecedentes penales, ninguno de los tres podrá presentarse a cargos públicos por un período de cinco años. Joshua Wong, también miembro fundador de Demosisto, fue una estrella aún más sobresaliente del activismo político juvenil en Hong Kong desde 2012 (a la impresionante edad de 16 años) como dirigente de Scholarism, un movimiento de las escuelas secundarias que obligó al gobierno a aplazar sine die una reforma educativa con una orientación más "patriótica" (en relación a China continental, se sobreentiende). Mi primera visita a Hong Kong en 2012 coincidió con esas movilizaciones y me impresionó profundamente la edad, la convicción y la capacidad organizativa de esos jóvenes.

Dos años más tarde, la Revolución de los Paraguas también estuvo formada por miles de jóvenes, desde adolescentes hasta estudiantes universitarios, aunque gente de varias clases sociales y de diferentes edades también visitaban a menudo las acampadas. Procediendo del entorno político español, en el que la brutalidad policial es muy frecuente, por lo general noté mucha moderación por parte de la policía de Hong Kong durante esas movilizaciones, aunque en los últimos años se percibía una mayor agresividad por su parte y el uso indiscriminado de gas pimienta se consideró como un segundo detonante del carácter masivo del movimiento.

Por su parte, las actitudes extremadamente pacíficas de la mayoría de los participantes de la Revolución de los Paraguas durante más de dos meses contrastaron con episodios más polémicos y violentos después (los llamados disturbios de Fishball en Mong Kok, por ejemplo, en febrero de 2016). Lo que se deduce de lo anterior es que el gobierno de Hong Kong aplazó estratégica y selectivamente la represión de los activistas clave de la Revolución de los Paraguas durante unos dos años, una vez que sus incursiones institucionales se consideraron más amenazantes para su acción de gobierno y para su legitimidad.

Este año otras dos noticias relevantes han saltado a los titulares de la prensa local. Por un lado, en marzo de 2017 nueve activistas de la Revolución de los Paraguas fueron acusados ​​de "molestias públicas" durante las ocupaciones callejeras. Dos de ellos son también legisladores pan-democráticos. Tres eran las caras más visibles de Ocuppy Central with Love and Peace (OCLP). Aunque no es habitual la distinción, conviene subrayar que OCLP fue una campaña distinta planeada más de un año antes de la Revolución de los Paraguas pero lanzada la noche después de que Law, Wong, Chow y docenas más penetraran en la Plaza Cívica el 27 de septiembre y fueran rodeados y detenidos por la policía.

Esta acción culminó, a su vez, una semana de huelga estudiantil que no estaba relacionada con la organización de OCLP aunque sí concernida por el mismo asunto del sufragio universal. Los estudiantes, en particular, protestaban contra la injerencia del gobierno central chino en el proceso de reforma política de Hong Kong. Los líderes de OCLP eran, además, menos jóvenes: dos profesores universitarios y un reverendo. Estos, fieles a su propuesta de "desobediencia civil", voluntariamente se entregaron en una comisaría días después de que las acampadas fueran eliminadas (en aquel momento se les dejó en libertad incondicional).

Por otra parte, un miembro del Partido Cívico, Ken Tsang, declaró en los juzgados que había sido brutalmente pateado en el suelo por siete policías durante la Revolución de los Paraguas. Afortunadamente, la agresión había sido grabada en video, diseminada viralmente y aceptada como prueba en el juicio. Aunque Tsang fue sentenciado a cinco semanas de prisión por arrojar líquidos a los agentes policiales la misma noche en que fue golpeado, en febrero de 2017 los siete policías fueron declarados culpables y sentenciados a dos años de cárcel. Este veredicto fue considerado leve por muchos activistas de la Revolución de los Paraguas, pero fue "una pequeña victoria para la sociedad civil" según Tsang. En total, de acuerdo a las estimaciones de varios medios de comunicación consultados, alrededor de 1.000 personas fueron arrestadas en relación con las protestas de la Revolución de los Paraguas, aunque los casos más notables de represión han sido muy selectivos y postergados, tal como he relatado.

Quiero recordar, por último, otro suceso represivo al que asistí durante mi última etapa en Hong Kong. Se trata de la película Ten Years. Este largometraje se estrenó en noviembre de 2015 y pronto se convirtió en una referencia indispensable para la frustrada población de Hong Kong. Se proyectó sólo en dos cines comerciales y únicamente hasta enero de 2016, a pesar de la alta demanda por visualizarla. En esos meses se convirtió en la película con más éxito de la historia de Hong Kong en términos de beneficios y de audiencia. También obtuvo el máximo galardón en la 35 edición de los Premios Cinematográficos de Hong Kong.

Sin embargo, por primera vez las autoridades chinas censuraron la difusión del evento en China continental con el fin de prevenir la extensión de ese "virus de la mente" (en referencia a Ten Years). Posteriormente, la película se proyectó gratis en universidades, sedes de organizaciones sociales y también en espacios públicos, como una reacción auto-organizada frente a la censura gubernamental. Una observación no tan anecdótica que hice cuando la película se presentó en CityU es que más de un centenar de asientos estaban vacíos el día de la proyección. Las entradas se había recogido con antelación y resultaba mucha coincidencia que tantas personas no hubieran podido asistir. Cuando los organizadores se percataron del boicot, se retrasó la hora de inicio y se facilitó que el público expectante ocupara todos los asientos disponibles.

Muy probablemente, muchos estudiantes pro-Pekín, nacidos en China o en Hong Kong, habían intentado que el virus alcanzase al menor número de jóvenes e impresionables mentes. La razón es que las cinco historias que componen Ten Years se preguntan cómo será Hong Kong alrededor de 2025, incluso mucho antes de la fecha de caducidad de la mini-Constitución en 2047. El principal argumento es que Hong Kong perderá su autonomía y será plenamente integrada en una todavía autoritaria China.

Las historias advierten sobre esa eventualidad con un estilo distópica en el que se eliminará el idioma cantonés, habrá un control mucho más férreo de la prensa y de la disidencia política, e incluso desaparecerá la producción agrícola local –la cual, en todo caso, hace tiempo que dejó de ser significativa en el abastecimiento alimentario de Hong Kong–. Las agoreras predicciones de la película agitaron especialmente al movimiento pro-democrático y contribuyeron a una mayor deliberación pública sobre la creciente represión en curso hacia los activistas de base y hacia otros elementos peligrosos para las autoridades del Partido Comunista Chino.

Por ejemplo, casi en paralelo a las proyecciones de Ten Years, cinco libreros de Hong Kong fueron secuestrados por agentes secretos chinos que no pueden operar legalmente en Hong Kong. El director de Ten Years declaró que había concebido la película algún tiempo antes de la Revolución de los Paraguas, pero semeja evidente que el entusiasmo por esta ficción política responde a la politización general producida durante ese singular movimiento social. Una adversa consecuencia personal final para los cineastas involucrados en Ten Years fue que sus carreras profesionales también sufrieron persecución política. Sus oportunidades laborales ya nunca volvieron a ser como antes y su participación en la floreciente industria cinematográfica china se hizo casi imposible para casi todos.

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