(2001) Asambleas y reuniones. Metodologías de autoorganización [SP]

Miércoles 19 de octubre de 2005, por Web

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Martínez López, M., & Lorenzo, A. (2001). Asambleas y reuniones. Metodologías de autoorganización [Assemblies and reunions. Methodologies of self-organisation]. Madrid: Traficantes de sueños, p.102.. Available at http://www.miguelangelmartinez.net/...


Introducción

SON MUCHOS LOS ÁMBITOS EN LOS QUE SE DESARROLLAN ASAMBLEAS: de hecho son la base de las organizaciones democráticas (asociaciones, cooperativas, etc.). Y son todavía más los ámbitos en los que las reuniones son herramientas habituales para articular el trabajo en equipo.

Sin embargo no existe una divulgación general de las técnicas que facilitan el desarrollo eficaz y satisfactorio de este tipo de trabajos colectivos. Y esta carencia de referentes técnicos se traduce casi siempre en muchos problemas: las reuniones son muy largas y poco productivas, se desarrollan de forma poco participativa o incluso antidemocrática, resultan pesadas y poco atrayentes, entre otros muchos defectos.

Estos problemas pueden resolverse, en parte, con la práctica, con la acumulación de experiencia de participación en reuniones. Sin embargo, también es muy común, entre colectivos con larga trayectoria organizativa y que desarrollan reuniones muy a menudo, encontrarse con problemáticas muy básicas no resueltas, y por lo tanto con obstáculos permanentes. Pensamos, pues, que se hace precisa la adquisición de cierto conocimiento técnico, y también de entrenamiento. A esto pretende contribuir el libro que tienes entre manos.

El funcionamiento asambleario entraña dificultades en la misma medida en que depende de las aportaciones y capacidades de muchas personas. En especial, de la capacidad de comunicación y de resolución de conflictos para llegar a acuerdos comunes. Además de trabajar estas capacidades es necesario hacerse conscientes de que las asambleas son sensibles a las disposiciones negativas que puedan albergarse en el grupo: cada persona tiene poder para frenar o boicotear su funcionamiento. Por lo tanto estas disposiciones también son objeto de atención: en primer lugar procurando que sean positivas; en segundo lugar dotándose de métodos para neutralizarlas en caso de que no lo sean.

Son muy frecuentes las actitudes de boicot a las reuniones que tienen su origen en disconformidades, conflictos o desacuerdos no solventados con la entidad u organización en la que se está (o con parte de sus miembros). Puede ocurrir, en estos casos, que la actitud negativa en la asamblea sea la vía de comunicación, y/o de presión más fácil, más accesible o la única que tengan. Es recomendable intentar abordar estos conflictos por medio de cauces específicos para ellos, sea dentro de una reunión como tema específico o por las vías que se considere oportunas. Pero, en todo caso, no adaptarse a la presencia permanente de este tipo de disposiciones que pueden entorpecer sistemáticamente la marcha fluida de las reuniones.

Las asambleas son el instrumento práctico más definitorio de la organización democrática e igualitaria. Por su parte, las reuniones, como manifestación del trabajo en equipo han demostrado dar respuestas más creativas y productivas que las valoraciones y decisiones tomadas unilateralmente. Las asambleas y reuniones, por lo tanto, confieren sentido social, comunitario y cooperativo a la autogestión de cualquier colectivo. Por eso han de dotarse de instrumentos que permitan la puesta en práctica de estas cualidades, superando las dificultades que hemos referido.

En este libro, a modo de guía práctica, trataremos de contribuir a dotar a las distintas entidades y colectivos de herramientas para sacarle todo el provecho a sus reuniones. De este modo es posible que contribuyamos también a contrapesar cierta «mala prensa» que tiene la dinámica asamblearia y el trabajo en equipo cuando escuchamos: «las reuniones son improductivas», «en grupo nadie se hace responsable de nada», «se pierde mucho tiempo», «sólo se discute pero no se encuentran soluciones», «no se deja hacer a la gente que verdaderamente sabe».

LA MALA PRENSA DE LAS MALAS EXPERIENCIAS

Ciertos polemistas viscerales exigen que cada decisión sea tomada por una asamblea (les encantan las asambleas). Discutir nimiedades hasta la exasperación indica una gran desconfianza mutua entre los asamblearios (además de pocas miras), pero no llegar a soluciones claras y asumidas por todos, o «mariposear» de tema en tema sin resolver ninguno, revela una falta de método o de educación «social» que puede conducir a tachar el sistema asambleario como de muy ineficaz y sobre todo aburrido. Esas largas horas de asambleas que todos sufrimos, en las que al final ya no sabías de qué se hablaba, ni qué se votaba, ni qué se había decidido, son un auténtico horror, salvo para aquellos con un ego que se colma al hablar y al discutir.

Lorenzo Mediano

Como ya hemos dicho, las asambleas y reuniones forman parte de muchos tipos de organizaciones: entidades de la economía social, comunidades de vecinos, asociaciones sin ánimo de lucro (culturales, vecinales, de madres y padres de alumnos/as, solidarias o reivindicativas), e incluso en la Administración Pública, sindicatos, partidos políticos o empresas privadas. La experiencia que orienta estas páginas parte sobre todo de las empresas cooperativas gallegas, con las que hemos venido trabajando este aspecto (a través de la «Federación de Cooperativas Sinerxia» y la «Asociación Para a Economía Social»), así como de diversos foros, generalmente más numerosos y heterogéneos, vinculados a procesos de participación social en políticas públicas (responsabilizándose, desde CIDADANIA S. Coop. Galega, en la coordinación de dichos foros). También hemos sistematizado las experiencias de asociaciones y colectivos reivindicativos, en los que de forma más puntual tuvimos la oportunidad de organizar cursos, de prestar asesoramiento o simplemente de participar como unos activistas más.

En todas estas entidades el tipo de problemática con la que nos hemos encontrado es muy similar. Sin embargo sí hay que hacer diferenciaciones cuando abordamos otras variables, como el carácter más o menos técnico de los temas a tratar o, sobre todo, el tamaño del grupo: una reunión en la que participan doscientas personas tiene sus propios límites y precisa de unos métodos de trabajo diferentes que una en la que participan quince.

Resumiendo, en las organizaciones democráticas y en aquellas que asientan la organización del trabajo (completamente o en parte) en instancias participativas, es necesario contar con una mínima capacidad técnica para la realización de reuniones y asambleas. Esta capacidad debe ser compartida por todo el grupo en la medida de lo posible, ya que el éxito o fracaso de la reunión depende de todas las personas que participan en ella. La formación necesaria en técnicas de reuniones puede darse a través de distintas vías: bibliográficas, cursos específicos, entrenamiento aplicando las distintas propuestas técnicas a las reuniones habituales, intercambios y aprendizajes recíprocos sobre las experiencias en el tema y, sobre todo, evaluación permanente y colectiva de las reuniones, con guías que permitan ir detectando fallos y reconociendo también las mejoras que se van incorporando.

Como veremos, esta capacidad técnica tendrá que responder a objetivos de tres niveles diferenciados: la eficacia de la reunión (cumplimiento de la misión u objetivos para los que fue convocada), la participación democrática (atendiendo a la transparencia informativa, a la recogida de todas las opiniones y a la organización de la toma de decisiones democrática), y a que las relaciones personales sean de cordialidad y cooperación.

Esperamos que estas reflexiones y sistematizaciones sobre nuestras experiencias enriquezcan los espacios de autogestión cotidiana, y que las próximas publicaciones se nutran también de vuestros hallazgos.