(2004) Ciudades Vivibles. Complejidad y compacidad como dimensiones de la sostenibilidad urbana [SP]

Martes 19 de octubre de 2004, por Web

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Martínez López, M. A. (Director) (2004, September 23). Ciudades Vivibles. Complejidad y compacidad como dimensiones de la sostenibilidad urbana . V Spanish Congress Of Sociology. Lecture conducted from , Alicante.


La concepción de ‘ciudades sostenibles’ ha estado sometida a numerosos avatares y su concreción sigue resultando problemática en estos primeros años del siglo XXI. Se han identificado con profusión, no obstante, los síntomas más destacados de la tendencia inversa; es decir, de la crisis ecológica que tiene su origen en la expansión de las ciudades y también en ellas deja constancia de sus impactos. Nos referimos, como es ampliamente conocido, a todos los procesos que envenenan fuentes esenciales de vida, provocan el exterminio o la enfermedad de especies animales y vegetales, o alteran irreversiblemente ciclos biológicos: la polución de los suelos, del agua y del aire; la desaparición de espacios sin urbanizar y de ecosistemas naturales; el consumo de materias no renovables o de alimentos producidos industrialmente; el incremento exponencial de la movilidad motorizada, etc. (GIRARDET, 1992).

Pero la idea de ciudad sostenible nos exige un esfuerzo utópico, una definición en positivo de la ciudad anhelada, semejante a aquel modelo novelesco de Ecotopía pergeñado por Ernest Callenbach en 1975. En la actualidad, la elaboración de Agendas 21 Locales, de Planes Estratégicos Urbanos y, cómo no, del tradicional Planeamiento Urbanístico, se han convertido en los procesos sociales que más han puesto en juego ese concepto y, a la vez, que más necesidad han mostrado de una definición unívoca aún bastante lejos de alcanzarse.

Adquiriendo el rango de convención técnica, el uso de la noción de ‘ciudades sostenibles’ se refiere a prácticas de planificación y de intervención en el territorio que reducen al máximo el impacto de destrucción medioambiental que acarrean siempre, en alguna medida, los procesos de urbanización del espacio. Este sería el sentido más restringido y simplificado, más ambientalista, podríamos decir. A veces se completaría con el concepto clásico de ‘capacidad de carga’, o sea: la población máxima que puede soportar un territorio de forma tal que se renueven constantemente los recursos (propios y exclusivos de ese territorio) que precisa para sobrevivir. Es decir, se trata de una ecuación difícilmente resoluble que pone en relación recursos endógenos y población: apuntaría, por lo tanto, a políticas economicistas (restricción del consumo, uso eficiente de recursos y tecnología, etc.) o demográficas (restricción de la natalidad o de la inmigración, control sobre la movilidad espacial de la población, etc.).

El problema que atañe a las ciencias sociales, como salta a la vista, es que las ciudades constituyen unos curiosos ecosistemas: son depredadores de recursos de otros ecosistemas, su reproducción es ampliada (se sostienen expandiéndose), la especie humana hegemónica desplaza de ese ecosistema a la mayoría de las otras especies y su propia evolución cultural la ha llevado hasta un punto en el que aspira a distintas formas de vivir y no tan sólo a sobrevivir.