(1998) Islas de autogestión en un mar de contradicciones. Cuatro movimientos sociales alternativos en el Estado Español (1978-1998) [SP]

Lunes 19 de octubre de 1998, por Web

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Martínez López, M. (1998). Islas de autogestión en un mar de contradicciones. Cuatro movimientos sociales alternativos en el Estado Español (1978-1998). Retrieved from http://www.miguelangelmartinez.net/...


Introducción: pobres en recursos, ricos en autonomía.

Las teorías sociológicas sobre movimientos sociales (MS) han experimentado un notable crecimiento en las últimas décadas, a la par que las nuevas prácticas de los propios MS. En castellano están disponibles numerosos estudios (originales o traducidos) y debates que ayudan bastante a obtener una concepción profunda y pluridimensional del tema (entre los más generales pueden subrayarse: Dalton y Kuechler, 1990; Offe, 1992; Pérez Ledesma, 1994; Riechmann, 1995; Villasante, 1996). No está de más, por lo tanto, plantearse en estos momentos dos retos para la investigación: 1/ la realización de algunas síntesis que nos orienten en el pluralismo teórico tanto como en la distinción empírica de las diferentes manifestaciones de los MS; 2/ el estudio de casos significativos de MS que se destaquen por su "utopismo social" puesto en práctica de forma cotidiana, por su aportación de los rasgos más radicales a los proyectos de emancipación social que defienden los MS y, en particular, los nuevos MS desde los años sesenta.

Con unos breves apuntes sobre el primer punto y prestando una atención más central al segundo, en este escrito voy a intentar ofrecer algunas propuestas de análisis desde el contexto sociopolítico del Estado español en las dos últimas décadas: 1978, en concreto -diez años después de la significativa fecha de 1968-, marca el año de aprobación de la Constitución española, pero también la desactivación de gran parte del activo movimiento popular enfrentado a la Dictadura, aunque no totalmente (Castells, 1986; Villasante et al., 1989; Ortí, 1995). Los cuatro movimientos en los que me voy a centrar poseen unos rasgos generales, por una parte, y unas expresiones particulares (a veces, sólo en forma de "campañas"), por la otra, que muestran caras complementarias de reconstrucción social desde el seno de una sociedad opulenta y en crisis a la vez. Son los siguientes:

1/ el movimiento de contrainformación o de comunicación alternativa, con atención específica a su manifestación a través de las Radios Libres -que incidiría en la dimensión social de la ‘comunicación’-;

2/ el movimiento antimilitarista, fijándonos en la exitosa campaña de objeción de conciencia en forma de Insumisión al Servicio Militar Obligatorio -incidiría directamente en el ejercicio social del ‘poder’-;

3/ el movimiento que he denominado de "ecología política urbana" (también reconocible a menudo como movimiento alternativo urbano) y en el que merece un análisis propio el caso de la okupación de viviendas y Centros Sociales Autogestionados -incidiendo en los procesos de apropiación social del ‘espacio’-; y, por último,

4/ el movimiento cooperativista, reduciendo el amplio espectro del mismo a las recientes iniciativas de Economía Solidaria y Ecológica, también conocidas como economía alternativa o cooperativismo ético y ecológico -incidiendo en los ciclos prductivos-reproductivos de gestión de ‘recursos’.

Los cuatro movimientos son "nuevos" en el sentido espacio-temporal del término y también en el sentido conceptual con el que se ha pretendido diferenciar sus contenidos y formas de organización de movimientos sociales más tradicionales como el obrero o el feminismo clásico. Aunque no será el núcleo central de mi exposición, argumentaré que no es difícil encontrar hilos de conexión con movimientos semejantes o afines en otros contextos, como el europeo, e incluso con la transformación de novedades movilizadoras que ocurrieron en el contexto español del tardofranquismo y de los años de Transición (tales como el movimiento vecinal o el sindicalismo autónomo), cuando no una explícita regresión de referencias a la Revolución de las Colectividades anarquistas en 1936; de hecho, hay numerosos investigadores que destacan la influencia y presencia del pensamiento anarquista en la orientación ideológica de los nuevos MS, matizando los nuevos temas y realidades que ahora preocupan a los MS: Casquette, 1996.

Los nuevos MS desde los años setenta -ecologismo, pacifismo y feminismo- tienen también viejas raíces, pero su nuevo talante para transformar la sociedad y la política se encuentra de forma central en los cuatro movimientos que he seleccionado. Lo cual, por ejemplo, no siempre es tan evidente en otros MS del mismo contexto o bien su radicalismo se inclina sólo hacia aspectos muy parciales de esas reivindicaciones (puede ser el caso del nacionalismo, el movimiento estudiantil o el de control del consumo). De cualquier modo, me ocuparé aquí de analizar el alcance de las prácticas transformadoras que nuestros cuatro movimientos han tenido, subordinando las limitaciones de sus recursos organizacionales (derivados principalmente, en estos casos, de una amplia composición juvenil entre sus miembros) a las consecuencias que han tenido sus movilizaciones para dibujar nuevos contextos de oportunidades para la participación política popular. Es decir, para contar la historia de estos movimientos y comprender el sentido social de su acción, me dedicaré menos a evaluar lo que tienen y más lo que han conseguido. Las principales corrientes de investigación le dan, sin embargo, preferencia a definir con más precisión quiénes son quienes componen los MS y qué hacen con lo que tienen. Pero son innumerables las dificultades empíricas que existen para conocer los rasgos más significativos de esa identidad (especialmente en gente joven cuyos orígenes de clase social, por ejemplo, pueden conducirla a situaciones muy inestables y "desclasadas" durante un largo período de tiempo, precisamente durante el tiempo que están en los MS) y también para conocer las estrategias más eficaces de uso de los recursos en comparación con todas las intentadas (sobre todo cuando, con frecuencia, esa eficacia depende de condiciones contextuales ajenas al MS, de las capacidades de inventiva del MS contando con sus escasos medios disponibles o simplemente de su persistencia con acciones y mensajes idénticos). Por eso propongo una senda poco explorada teóricamente hasta el momento. Consiste en explicar el proceso por el que algunos nuevos MS alternativos contribuyen a cambiar modos sociales de vida, de pensamiento y de actuación política. El análisis de estas "consecuencias" no se alinea con un empirismo vulgar que sólo atienda a efectos visibles, sino que se hace desde un determinado punto de vista: en este caso se abordará centrando el análisis en discernir los modelos de autogestión que guían a los MS y que difunden ejemplarmente en su sociedad, causando a menudo efectos sorprendentes e inesperados.

Como señala Riechmann, explicando un aspecto de la definición de Raschke (1985): "Los MS necesariamente son movilizadores. Por movilización se entiende la activación de recursos para alcanzar los fines del movimiento. En general, los MS son pobres en recursos (activistas, dinero, legitimidad, prestigio, información, poder político, etc.) en comparación con las autoridades a las que se enfrentan. El recurso más importante para ellos son los activistas del movimiento y su trabajo voluntario. (...) Al menos en su fase inicial los MS suelen estar impulsados por grupos de individuos socioestructuralmente definidos, aunque siempre intentan movilizar a círculos sociales más amplios (los afectados real o potencialmente por el problema que tematiza el movimiento, como mínimo)." (Riechmann, 1995: 48-50).

En estas dos últimas décadas también hemos asistido, en nuestro ámbito, a la aparición de otros movimientos que no se carecterizaban tanto por esa precariedad de recursos, pero que tampoco han demostrado capacidades correspondientes de movilización (es el caso de gran parte del institucionalizado movimiento obrero, juvenil, vecinal e incluso del feminismo), ni una continua incidencia política transformadora con la misma (el movimiento anti-OTAN en torno a 1986, por ejemplo, que casi en su totalidad se disolvió posteriormente), aún manteniendo a veces similares dosis de pluralismo que las de los otros nuevos MS. Con respecto a otros MS más extendidos -como el ecologismo o la solidaridad internacional con sus diversas tendencias-, o más latentes -como las variadas luchas de liberación institucional (infantil, homosexual, médica, psiquiátrica y carcelaria) o de alternativas educativas, alimentarias y de relación con los animales-, no puedo asegurar que sus consecuencias movilizadoras sean tan significativas cultural y políticamente, desde el punto de vista de construir cotidinamente modelos de autogestión social (concepto, este último, sobre el que volveremos después). Para conocer en qué medidas son "ricos en autonomía" precisaría, por lo menos, el mismo tipo de inmersión y de participación que he experimentado con los cuatro MS que analizo ahora.

Nuestros cuatro MS heredan una referencia común e intensa al Movimiento Alternativo posterior a 1968 que se puede definir por "su énfasis en la praxis, en la positividad del mundo que se quiere construir, en la revolución contínua y multidimensional, en la autonomía de cada movimiento, en la transformación desde ya de la vida cotidiana, en el enfrentamiento radical con el sistema en todos sus frentes, en la afirmación de la subjetividad y singularidad de sus diferentes sujetos", etc. (Fernández Durán, 1993: 361), multiplicando el abanico de la izquierda libertaria y antiautoritaria e incluso fusionando corrientes a veces separadas del socialismo, como el comunismo y el anarquismo. Pero las diferencias pueden llegar a ser muy significativas. Dependen, en gran medida, de qué aspectos del "continente" de opresiones se definan como ejes impulsores de las prácticas del MS. No será lo mismo, pues, enfrentarse directamente a todos los efectos de "individualización" que se han ido inventando invisiblemente en el capitalismo a través de instituciones como la escuela, la familia, la medicina, etc. (Foucault, 1986; Negri y Guattari, 1996), que hacerlo con los procesos productivistas, militaristas y estatalistas que impiden tanto la "emancipación" social como la "supervivencia" con una satisfactoria "calidad de vida" en el planeta (Offe, 1992; Riechmann, 1995).

En todo caso, un MS forma una "isla" de autogestión sólo en el sentido de que irrumpe en el escenario político añadiendo una nueva dimensión al mismo, en cuanto que refuerza la autoorganización de la sociedad civil y de ella depende la estabilidad y continuidad del sistema político institucional. Saliendo de su marginalidad "aislante" (incluso, a veces, buscada) los MS alternativos son peligrosos para el orden político institucional sin ser competitivos dentro de él (al menos en el mismo nivel en el que juegan los partidos políticos); pero sobre todo son tenidos en consideración central por ese sistema (pudiendo llegar a ser caracterizados por las Autoridades como "cuestión de Estado": Sampedro, 1996) sin que ello les reporte mayores beneficios, mientras continúen afirmándose en sus vías no institucionales de intervención. Retomando la imagen del título: las islas están en mares (estas islas, por lo menos, yo no las situaría en "océanos", por las connotaciones de desconexión que conlleva esa metáfora), pero los mares siempre están rodeados por continentes; es decir, los MS se reapropian de ciertos espacios de vida, pero siguen formando conjunto con la sociedad en la que se han generado. Siguen conectados y también construyendo y ensanchando el espacio común entre movimientos, formando archipiélago.