(2013) Okupaciones en París: divisiones internas y regulación estatal [SP]

Domingo 31 de marzo de 2013, por Miguel Angel Martinez

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El último encuentro de SqEK (Squatting Europe Kollective) en París, entre el 20 y el 24 de marzo de 2013, me ha permitido una nueva aproximación al conocimiento de las okupaciones en esa ciudad. Hace tres años visité algunas de ellas, acompañado por Thomas Aguilera y después de leer su magnífica Tesis de Máster. El panorama parecía más complejo del que encontraba en otras ciudades europeas, pero apenas pude hablar entonces con muchos activistas locales. En esta ocasión, tanto Thomas como otros miembros de SqEK (Margot, Heidiman y Jacqueline) organizaron numerosas visitas gracias a las cuales mantuvimos conversaciones y debates muy intensos con algunos de los okupas. Aunque no expondré aquí todos los detalles de lo hablado durante cinco largos días, me centraré, sobre todo, en los dos aspectos más sobresalientes de las okupaciones en París, a mi juicio: la diversidad interna entre distintos sectores de okupas (a menudo, conflictiva y con marcadas líneas de división) y la particular forma de intervención de las autoridades estatales (y las municipales, en primera instancia).

En primer lugar, las condiciones legales que afectan a toda práctica de okupación en Francia se estructuran de la siguiente manera:

1) durante las primeras 48 horas un edificio okupado puede ser desalojado inmediatamente por la policía en cuanto esta tiene conocimiento del hecho (y, de hecho, así ocurre con mucha frecuencia);

2) después de ese tiempo los okupantes (tras demostrar que han residido al menos esos dos días, mediante algún tipo de factura de suministro o, incluso, de algún servicio a domicilio) deben probar ante la policía (incluso avisándola a propósito) que el edificio reúne las condiciones mínimas de habitabilidad (luz, agua, sin amenaza de ruina, etc.);

3) a partir de entonces, son los propietarios del edificio quienes deben proceder a denunciar a los okupantes en instancias judiciales si quieren recuperar la posesión del edificio o, simplemente, expulsarlos;

4) durante los meses de invierno (que pueden ser prolongados por decreto gubernamental si las condiciones meteorológicas de un año particular así lo aconsejan) no se realiza ningún desalojo o desahucio;

5) una vez existe sentencia judicial firme, la policía desaloja de forma expedita los edificios okupados, aunque algunas veces hay resistencias o circunstancias que los pueden aplazar.

La okupación de inmuebles abandonados, por lo tanto, no es un delito de carácter penal en Francia, pero su represión sigue unos cauces muy claros y pautados para todos los actores. La okupación, pues, está sometida a un elevado grado de represión por parte del Estado, pero siempre dentro de la estructura y pasos antes señalados. Al no constituir un delito penal (un "crimen"), sino solamente una falta de carácter civil, las autoridades políticas y judiciales adoptan sus decisiones intentando equilibrar dos derechos fundamentales en la Constitución de la República: el de la vivienda y el de la propiedad privada. De este modo se abre un cierto margen de discrecionalidad que permite la persistencia de muchos proyectos de okupación. Por una parte, durante el invierno y en ausencia de denuncia por parte de la propiedad (o por el tiempo ganado en los litigios judiciales frente a las denuncias). Por otra parte, debido a la intervención activa de algunas autoridades municipales que utilizan la okupación como un modo de desarrollar sus políticas públicas y de aplacar los conflictos sociales que las okupaciones ponen de manifiesto. Todo ello mientras no exista una sentencia judicial que imponga el desalojo final del inmueble okupado.

¿Qué tipo de "utilizaciones" de las iniciativas de okupación pueden hacer las autoridades políticas? La principal es la de firmar un acuerdo o convenio con los okupantes de tal modo que se les permita a éstos el uso del inmueble durante un período de tiempo limitado (habitualmente, 3 años) a cambio del pago de un alquiler simbólico, muy por debajo de los precios del mercado. Se trata de una forma de "legalización" temporal de la okupación y suele ocurrir muy pronto, en los primeros días o semanas después de la okupación. En el convenio constan algunas cláusulas sobre el tipo de actividades que desarrollarán los okupas en el espacio, por lo que su incumplimiento puede dar pie a que las autoridades rescindan el acuerdo unilateralmente e inicien la vía judicial de denuncia y solicitud de desalojo. Estamos refiriéndonos a inmuebles de propiedad pública. En algunos inmuebles de propiedad privada también puede producirse la mediación de las autoridades municipales siempre que la firma del convenio y la renta aplicada sean satisfactorias para el propietario. El aval municipal y su control sobre el tipo de uso del espacio okupado, pueden ser suficientes garantías para un propietario que no tenía planes definidos para el inmueble. El aspecto crucial de los convenios es que las actividades acordadas incrementan la oferta de servicios públicos del área urbana donde se ubique la okupación, por lo que el "proyecto" presentado por los okupantes debe ajustarse a la visión de políticas culturales o sociales que tienen las autoridades, u ofrecerles actividades originales e innovadoras que satisfagan su gestión local. Según Thomas Aguilera, en torno al 85% de las okupaciones parisienses en 2010, las denominadas "artísticas", podrían haberse acogido a esta forma de acuerdo con el ayuntamiento.

La segunda modalidad de fuerte intervención pública es ofrecerle a los okupantes un "contrato de uso en precario" del inmueble, también a cambio de una renta por debajo de los precios de mercado. Mientras que los convenios suelen aplicarse preferentemente a las okupaciones que tienen una finalidad como centro social, cultural o artístico, los contratos en precario tienden a aplicarse con mayor frecuencia cuando se trata de okupaciones exclusivamente con fines residenciales. Los contratos en precario no ofrecen muchas garantías de estabilidad a los okupantes y dependen, fundamentalmente, de los planes que tenga la propiedad (pública o privada) con respecto al edificio (su venta, rehabilitación, demolición, etc.). En 2010 hubo 18 contratos en precario en todo París.

Por supuesto, también puede ocurrir que no exista ninguna negociación entre okupas, propietarios y autoridades, pero las posibilidades de pervivencia de la okupación se reducen notablemente dadas las condiciones legales y de represión que se aplican rigurosamente. De hecho, mi observación de este contexto específico (siguiendo en gran medida los análisis de Thomas Aguilera) es que el Estado interviene de una manera muy intensa en la okupación, no sólo denunciando, reprimiendo o negociando, sino también "regulando" implícitamente todas las iniciativas posibles de tal forma que se formalicen temporalmente con contratos y convenios. Es una regulación implícita porque pocas veces aparece de forma manifiesta en los programas de los partidos políticos y, sin embargo, es un asunto de gestión habitual. Como excepción, la legalización del squat (es el anglicismo que se suele usar en Francia) Rivoli 59 [http://www.59rivoli.org], localizado también de forma extraordinaria en el centro urbano más comercial y codiciado, fue incluida entre las promesas electorales del equipo socialista que ganó las elecciones municipales de 2001, cumpliéndose después con una considerable inversión económica en la remodelación del edificio (ahora denominado "aftersquat"). La regulación, además, conlleva una inherente condición de "temporalidad" para casi todos los casos, aunque muchos convenios pueden ser renovados varias veces cada tres años. El tercer rasgo de esta particular forma de regulación es que puede integrarse en los procedimientos administrativos comunes y, por lo tanto, normalizar, institucionalizar y, en el fondo, promover la tolerancia de las okupaciones. Este es el caso de los convenios "abiertos a concurso" cuando las autoridades abren un período determinado para recibir proyectos de uso de inmueble vacío o, incluso, previamente okupado. En este caso, en lugar de sancionar a los okupantes, les obligan a competir con otros posibles usuarios del inmueble. Además, en lugar de mantener cerrado a toda costa el inmueble vacío, estimulan su uso temporal y a bajo coste para las arcas públicas, por colectivos que pueden aportar servicios relevantes para el vecindario.



Por último, con los okupantes más indeseables a ojos de las autoridades (pobres, inmigrantes, toxicómanos y militantes políticos radicales) se suelen cerrar todas las puertas tanto a la mediación como a la regulación, y la represión se ejerce de forma implacable. Esta primera división categorizadora entre "buenos" y "malos" okupas se impone desde las instancias estatales a la hora de gestionar las okupaciones. Nos indica, ante todo, la ambivalencia que tanto la policía, como primera autoridad en contacto con los okupas, como representantes políticos y jueces más tarde, operan frente a la okupación: reprimiendo e integrando, alternativamente, según las circunstancias y sus categorizaciones de los okupas. La distinción entre ambos tipos de okupas, no obstante, no es rígida ni clara. Además, entre los mismos okupas operan otras distinciones que también tendrán efectos en cuanto a las acción colectiva y las estrategias de resistencia. Thomas nos relató, de forma complementaria, que incluso hay casos en los que algún político ha solicitado a uno de los grupos dedicados a alojar a personas pobres sin techo (o inmigrantes en situación irregular) (DAL y Jeudi Noir), que okuparan algún inmueble concreto para luego poder establecer un acuerdo de uso temporal.

Los squats que visitamos en París se alineaban en función de esos grandes ejes mencionados, a veces superponiendo posiciones y actitudes: a) adquisición de un estatuto legal temporal vs. aquellos que permanecían okupados sin ningún tipo de acuerdo con la propiedad ni con el Estado; b) composición social de clase media vs. integrantes de grupos socialmente excluidos; c) actividades preferentemente artísticas vs. prioridad de actividades políticas radicales (en el área autónoma-anarquista, en su mayoría); d) autogestión colectiva vs. gestión exclusiva de un pequeño grupo (asociación) o individuo promotor. De la combinación de esos factores en sus distintos grados y de las redes de relación que constituyen con otros squats, surgen, por lo tanto, las distintas familias de okupaciones en París. Algunos ejemplos servirán para ilustrar esa configuración.

Dos de las okupaciones artísticas situadas fuera del área donde se concentran la mayoría de okupaciones (el norte y nordeste de la ciudad) son Le Gare XP (Experimentale) [http://garexp.org/], en el sur, y Jour et Nuit Culture [http://jouretnuitculture.blogspot.com.es/], en el sur-oeste. El primero es un colectivo formado en 2004 que okupó en cinco ocasiones anteriores, escindiéndose a raíz de alguno de los desalojos, y que actualmente se aloja en su sexto edificio (Portes Ouvertes) mediante un convenio de ocupación. El segundo fue promovido por un inmigrante chileno, Alejandro, después de haber colaborado una temporada con otro squat (Théâtre de Verre: http://www.theatredeverre.fr/) también liderado por otro inmigrante latinoamericano. Jour et Nuit Culture, además, se añadieron un apellido que les pudiera dotar de una imagen positiva en un distrito con predominio conservador y sin ninguna okupación previa: "Collectif Artistique Tranquille". Enseguida invitaron al vecindario a participar en el espacio lo que les granjeó la simpatía del gobierno conservador del Distrito 15 hasta tal punto que les ayudó legalmente en el juicio al que les abocó la denuncia de la compañía eléctrica propietaria. Durante dos años consiguieron un "contrato precario" y después firmaron un "convenio" con las autoridades locales por tres años, abonando una renta mensual de 3.000 €. Unos 25 miembros componen el colectivo actualmente.



En la zona de La Chapelle (al norte de París) se ubican varios casos de okupaciones que no sólo reúnen a artistas (como el citado Théâtre de Verre y, entre los más conocidos, el Jardin d’Alice: http://jardindalice.wordpress.com/ y Le Shakirail: http://shakirail.blogspot.com.es/) sino también a arquitectos (como en el huerto comunitario Eco-Box, por ejemplo: http://www.urbantactics.org). Le Shakirail consiste en dos edificios (de 800 y 600 m2, cada uno) propiedad de la compañía francesa de ferrocarriles SNCF (un antiguo centro de formación, sede sindical y vestuarios), al lado de las vías de tren. Llegaron a ese lugar después de dos okupaciones y desalojos anteriores. En el que okupan actualmente entraron en 2011 y a los pocos días firmaron un contrato de ocupación a cambio de una renta de 1.200 € al mes, aunque también pagan aparte un seguro de responsabilidad. Unos 14 artistas residen en el espacio. Los talleres, edificios y el jardín que componen Le Jardin d’Alice van a ser próximamente desalojados debido a que el Ayuntamiento ha decidido llevar a cabo una remodelación de la zona incluyendo la construcción de vivienda social. Los artistas okupas aceptan, pues, esta decisión con resignación y ya se encuentran buscando nuevos espacios vacíos a los que trasladar su actividad. La misma fatalidad se cierne sobre el Théâtre de Verre en los meses venideros. Curiosamente, ninguno de estos finales a su okupación ha implicado la ruptura de relaciones con las autoridades municipales que siguen patrocinando muchas de sus actividades. Muchos de estos squats o centros sociales okupados (inicialmente, después legalizados) mantienen, además estrechos lazos mutuos y una cierta identidad compartida que regularmente se transforma en la organización del festival "intersquat" y en la red del mismo nombre que sirve como agenda informativa de actividades [http://paris.intersquat.org/].



Todos estos colectivos de artistas deben constituir asociaciones legales antes de poder firmar los convenios, deben elaborar proyectos muy detallados de las actividades culturales que van a promover y, finalmente, cualquier actividad que contraríe a las autoridades puede dar lugar a una rescisión del convenio y al inicio de un proceso que culmine en su desalojo. La mayoría de ellos asume que se trata de proyectos con una duración temporal incierta, especialmente después de que cumpla la vigencia de cada convenio. Sin embargo, también consideran que son acuerdos muy convenientes desde el punto de vista económico pues se trata de ubicaciones urbanas que sería muy costoso alquilar a precios de mercado y, al mismo tiempo, las exposiciones, fiestas, representaciones, etc. que ofrecen al público de forma muy accesible, las desarrollan como parte de su propia vocación independientemente de que enriquezca la agenda cultural oficial que patrocinan las autoridades. Existe, además, una letra pequeña no escrita que consiste en la posibilidad de que los artistas residan en los mismos edificios donde tienen sus talleres. Los convenios no suelen hacer referencia a ese uso, pero tampoco hay denuncias por ello y está plenamente asumido por todas las partes que la carrera artística es muy precaria y que la especulación inmobiliaria en París dificulta mucho el acceso a una vivienda digna. Por lo tanto, en estos "centros sociales" okupados-y-legalizados hay cocinas colectivas, agua caliente y una vida comunitaria muy intensa para varias decenas de personas que se cruzan con las continuas y abundantes visitas de quienes acuden a las actividades programadas.

En la zona noroeste de París se concentra la mayoría de okupaciones. En particular, destacan los barrios de Belleville (en los distritos 19 y 20, principalmente) y Ménilmontant. Belleville posee una larga historia como sede de revolucionarios (anarquistas, entre ellos) en distintas épocas desde el siglo XIX, además de acoger numerosos casos de okupaciones políticas y artísticas desde la década de 1970. También es un área tradicional de asentamiento de minorías étnicas y población inmigrante, con muchos bloques de vivienda social trufando el territorio. Es en esta zona donde encontramos más okupaciones con una fuerte orientación política radical (autónoma-anarquista) que se oponen a negociaciones con las autoridades (o, en algunos casos, que no han tenido oportunidad de iniciar esas relaciones debido a que no tenían ningún "proyecto artístico" que ofrecer a cambio ni voluntad de programar actividades que pudiesen ser presentadas con el sello municipal). Muchas de ellas tienen vínculos de ayuda mutua y muchas relaciones informales.



En el barrio próximo de Bagnolet, en concreto, visitamos Le Transfo [https://transfo.squat.net/]. El recinto okupado consiste en 4 enormes edificios y el espacio asfaltado entre ellos. Unas 30 personas residen en uno de los edificios, mientras los otros tienen muchas estancias vacías y amplios espacios para todo tipo de actividades y talleres. Apenas llevan unos meses gestionando el espacio (centro social y vivienda colectiva), fue okupado en noviembre de 2012, y ya han perdido el juicio que la propiedad (la sociedad eléctrica privatizada EDF) instó contra ellos. Por lo tanto, en cuanto finalice la "tregua invernal" será desalojado. Entre sus principios están el rechazar toda negociación con las autoridades y la gratuidad de las actividades organizadas. Sus prioridades son, sobre todo, la solidaridad con diferentes luchas vigentes y con distintos movimientos sociales. Los colectivos que utilizan el espacio contribuyen económicamente para sufragar los gastos comunes de difusión del espacio. En todo caso, nadie paga ninguna renta por alojarse o trabajar en un taller. Con los colectivos locales no tienen muchas relaciones excepto con uno que trabaja frente a la gentrificación (elitización) del barrio y otro que ayuda a inmigrantes irregulares.



En la frontera entre Belleville y Ménilmontant se encuentra La Miroiterie [http://www.guernicamag.com/daily/jacqueline-feldman-vive-la-miroiterie/]. Es un squat artístico que lleva activo desde 1999. En las próximas semanas será desalojado porque finalmente prosperó la denuncia de los nuevos propietarios. Anteriormente, la propiedad estaba dividida y no había acuerdo en denunciar a los okupas por lo que tampoco hubo necesidad de que se alcanzase ningún acuerdo en forma de convenio o contrato en precario. Varias personas han residido en este inmueble durante estos 13 años y también han sido alojados algunos talleres artísticos, pero el squat ha destacado por ser uno de los lugares más prolíficos en cuanto a programación de conciertos (en particular, de punk, rap y jazz). Justo en la calle que sale frente a La Miroiterie, se halla el centro social "Louise Michel" (en homenaje a la comunera de 1871: http://www.louise-michel.org/) fundado por el anarquista Lucio Urtubia, conocido por haber falsificado cheques de varios bancos durante años y haber repartido ese dinero entre distintos grupos políticos. No obstante, a juzgar por las preguntas que le hicimos, Lucio nos dio a entender que las okupaciones se hallan en un circuito político y cultural algo distinto al que cubre el Espace Louise Michel. No muy lejos de allí, descubrimos también La Cantine des Pyrénées [http://www.rue89.com/2013/03/21/au-squat-cantine-des-pyrenees-menu-5-euros-et-police-au-dessert-240713] donde se puede comer a un precio muy económico además de asistir a clases de francés o a la proyección de películas. En este caso no existe ningún contrato ni convenio que haya legalizado la okupación, y ya han sido visitados por matones enviados por los propietarios, por lo que esperan un desalojo inminente.



La última okupación a la que me voy a referir se encuentra ubicada en la calle Valenciennes, al norte de la ciudad pero más céntrica, próxima a la Gare du Nord [http://www.theatlanticcities.com/housing/2013/01/pariss-power-squatters/4480/]. Se trata de una de las okupaciones realizadas a plena luz del día por el colectivo Jeudi Noir con el doble objetivo de facilitar vivienda a personas necesitadas y de intervenir en las políticas de vivienda. No consiste, por lo tanto, en un centro social ni cultural, aunque algunos artistas colaboran con ese colectivo. Jeudi Noir surgió entre estudiantes univesitarios en 2006 y al poco tiempo comenzaron a okupar viviendas con el apoyo de la asociación DAL (Droit Au Logement) que también recurre a esa práctica para alojar, sobre todo, a inmigrantes irregulares, desde su fundación en 1991. La mayoría de las okupaciones tienen una duración efímera, excepto una vez que se prolongó durante un año. Lo más relevante de las okupaciones de Jeudi Noir y de DAL es que buscan una elevada repercusión mediática. Además, muchos de los miembros de ambas organizaciones son también militantes de varios partidos políticos por lo que han tejido una densa relación con ellos y han contribuido a una amplia aceptación de la okupación como una acción legítima de reivindicación ante necesidades habitacionales. En el caso de Valenciennes se okuparon 3 edificios el 29 de noviembre de 2012 y dos ministros socialistas acudieron a apoyar la okupación ante los medios de comunicación. No obstante, la propiedad es privada y ya se cursó una denuncia que, probablemente, provocará el desalojo en las próximas semanas. Unas 60 personas habitan actualmente el edificio, incluyendo a unos 24 menores de edad, aunque la decena de activistas residentes duermen en un edificio separado del que aloja a las personas seleccionadas por DAL.


Fotografías de Valenciannes: Jacqueline Feldman


Todos estos casos y las interacciones que he podido observar directamente entre activistas de distintos tipos de okupaciones, ponen de relieve que el movimiento de okupaciones en París se encuentra muy fragmentado internamente debido a las distintas estrategias y redes sectoriales ("familias") que se tejen en su seno. Las presentaciones y debates de SqEK (de modo similar a como ocurre con la red Intersquat, por ejemplo) han contribuido a que algunos activistas de distintas tendencias se mezclen entre sí y se conozcan, aunque el tenor de los debates entre ellos ha girado en torno a incompatibilidades de fondo bastante agudas. El concepto de "centro social" a partir de una okupación adquiere formas muy distintas en cada una de las tendencias aunque se debe subrayar que en la mayoría de los casos la vivienda se combina con las actividades sociales, políticas y culturales, sin que hay mucha necesidad de ocultar esa coexistencia de usos en los edificios okupados. La "tregua invernal" proporciona, además, entre tres y cuatro meses de relativa calma en cuanto a desalojos, si bien nos han narrado varios casos de desahucios ilegales llevados a cabo por parte de las autoridades.

La fuerte presión del gobierno municipal para integrar, regular y legalizar las okupaciones de carácter más artístico, ha generado una cultura política de cierta tolerancia hacia la okupación en la medida en que ésta se entiende como un recurso más de acción de protesta que permite forzar a las autoridades a la concesión de alquileres a precios inferiores a los dominantes. Es decir, para muchos colectivos artísticos la okupación se concibe como una herramienta negociadora y de presión para acceder a espacios de trabajo, de exhibición y de residencia que el municipio puede llegar a patrocinar. Algo semejante ocurre con las okupaciones de Jeudi Noir y el DAL, buscando promover políticas de vivienda social más justas y forzando a las autoridades a alojar urgentemente a los colectivos más vulnerables. En esos casos, no sólo desaparece una estrategia de confrontación (como la que lleva desplegándose desde hace años contra el futuro aeropuerto de Notre Dame des Landes, por ejemplo, utilizando ampliamente la okupación de los edificios afectados), sino que tampoco se pretende prolongar indefinidamente el estatuto de okupación. De hecho, en este marco predomina una visión general de la okupación como una forma de usar edificaciones urbanas (y terrenos baldíos, jardines, etc.) con una extremada y frágil aceptación de su temporalidad limitada, no superior a los tres años, en principio, en el mejor de los casos (cuando se ha conseguido un convenio legal relativamente seguro). Por último, apenas se desarrollan campañas colectivas de protesta y defensa de las okupaciones, excepto la colaboración mutua que acontece entre las okupaciones de cada sector. No obstante, las nutridas bibliotecas en algunos centros sociales, la orientación crítica de muchos artistas y la sensibilidad común que sustenta la legitimidad de la okupación de inmuebles en desuso, con una larga historia ya en la ciudad de París y en toda la región de Îlle de France, podrían señalarse como algunos de los vectores de transversalidad entre tan heterogéneo panorama de las okupaciones en esta área metropolitana.

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