(2011) Okupaciones post-15M: Valcárcel Recuperado (Cádiz) [SP]

Lunes 26 de diciembre de 2011, por Miguel Angel Martinez

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Martinez Lopez, M. A. (2011, December 26). Okupaciones post-15m: Valcárcel recuperado (cádiz) [Web log message]. Retrieved from http://www.miguelangelmartinez.net/...


Desde el surgimiento del movimiento 15M (a partir del 15 de mayo de este año 2011) no han dejado de asediarme numerosos interrogantes en buena medida provocados tanto por las abundantes lecturas que ese movimiento ha suscitado y que he seguido con atención, como por haberme involucrado en muchos de sus eventos y grupos en todo lo posible. Entre las cuestiones menos reflexionadas, a mi parecer, se hallaba la relación del 15M con la okupación de edificios abandonados. Después de haber escrito un artículo sobre este tema junto a Ángela García centrado, ante todo, en lo acontecido en Madrid, una visita a Cádiz me ha permitido conocer mejor la experiencia del Centro Social Valcárcel Recuperado (VR) y sus avatares pueden resultar ilustrativos de las singularidades y pautas que han marcado esa relación entre ambos movimientos sociales.

¿Recuperación vs. Okupación?

En uno de sus números recientes el periódico Diagonal ya se había hecho eco del VR presentando algunos de los dilemas en los que estoy interesado:

Pegada en la caja de un extintor junto a la puerta de entrada del edificio, una pegatina declara: “No soy okupa, soy valcarciano”. Esa autodenominación, justificada a fin “de causar una mejor reacción en el entorno”, junto con las declaraciones realizadas por el colectivo en los primeros días, donde se remarcaba la idea de “recuperado, no okupado” han sido núcleo de muchas de las discusiones de las asambleas que tienen lugar los lunes en su patio central. Mientras desde un frente se defiende que Valcárcel no es una okupación al uso, sino, que merece un nuevo término, desde otro, causa serias ampollas el ser consciente de la demonización que aún sufre el término incluso dentro de la parte crítica de la sociedad. La oficina de okupación formada tras la toma del edificio y que ahora mismo tiene su sede entre sus muros, intenta mediante talleres y jornadas una labor de concienciación que acabe con estos prejuicios. Lidia, una de sus integrantes, piensa que ’todo viene por la falta de información y por la imagen ‘okupa’ que se da en los medios. Me da rabia escuchar hablar negativamente del movimiento cuando es algo legítimo el derecho de todo ser humano a luchar por una vivienda digna’”. (http://www.diagonalperiodico.net/Valcarcel-recuperado-brisa-fresca.html)

Es evidente que de la utilización del término “okupación” se ha rehuido a propósito por quienes se han apropiado de este edificio, liberándolo, recuperándolo y, a fin de cuentas, okupándolo para su uso colectivo. Y la justificación de ello nos la dio M., una joven de 22 años graduada en Ciencias del Mar que había conocido en una casa okupada de Madrid unos meses atrás: se pretendía huir de los estereotipos asociados a la imagen “punk” y marginal del “okupa” en una ciudad en la que, además, apenas se conocían experiencias previas de okupación (sólo algunas viviendas como la “Casa Yoga” y ningún Centro Social Okupado). El término “recuperación” se ajustaba más, pensaban los promotores del Centro Social, a sus intenciones de: 1) proporcionar actividades sociales y culturales para el vecindario próximo (el barrio de la Viña, en el centro histórico de la ciudad donde se concentra una enorme bolsa de desempleo, vivienda con deficientes condiciones de habitabilidad, población con escasa formación, una economía informal viviendo de hacer “chapuzas”, pescadores cuyos recursos son cada vez más menguantes y, también, fuertes redes de cooperación mutua); 2) denunciar la operación especulativa y privatizadora que ha sufrido el edificio cuyo valor artístico y arquitectónico reconocido como BIC (Bien de Interés Cultural) se acercaba peligrosamente a la ruina debido a que la Diputación de Cádiz lo vendió en 2003 a una empresa (Zaragoza Urbana S.A.) para transformarlo en un hotel de lujo, propósito del que desistió en 2010 agravando durante todo este tiempo el deterioro físico del inmueble.

El edificio palaciego y neoclásico data del siglo XVIII (fue construido en 1763 con donaciones del Marqués del Real Tesoro, según un artículo aparecido en la revista PH, nº80, publicada por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, y en la que se valora muy positivamente la acción ciudadana a favor del uso público del edificio frente a su privatización) alojando primero a la Academia de Bellas Artes y, después, a un hospicio-manicomio hasta 1961, momento en el que se instala un colegio, reconvertido a instituto de educación secundaria hasta su cierre definitivo en 2003. Cuando se hace pública la okupación-recuperación, al paso de la manifestación el 19 de junio de 2011, el cartel de “VALCÁRCEL RECUPERADO” se completa con la denominación “Casa del Pueblo”. Ya en la actualidad (diciembre de 2011) sigue visible en la fachada exterior una pancarta con la inscripción general de “VALCÁRCEL RECUPERADO” con letras rojas sobre un fondo negro, además de otro cartel en el centro del patio interior que anuncia la “ENTRADA LIBRE Y GRATUITA” (cartel que se encontró entre las reliquias del antiguo instituto). Esas son las denominaciones públicas del Centro Social y que M. explica también debido a la composición vecinal de la asamblea general: desde adolescentes hasta ancianos/as, aunque el grupo de 30 a 40 años (y el que tiene mayor formación académica) es el más involucrado en todos los grupos de trabajo en que se fraccionan las tareas cotidianas de autogestión.

VR, no obstante, no es un proyecto muy alejado de la okupación y varios indicadores lo demuestran. Por una parte, en el primer encuentro con un grupo de activistas repartiendo su boletín “La casa grande” en frente del Hotel Playa Victoria (propiedad de Zaragoza Urbana), percibí que se referían a VR como un Centro Social Okupado. En segundo lugar, en uno de esos boletines hay una noticia de solidaridad con los desalojos del Hotel Madrid y el mercado Montamarta el 5 de diciembre de 2011, sin mencionar el término “okupación” pero sí aludiendo al artículo 47 de la Constitución Española que reconoce el derecho a una vivienda digna y denunciando la actuación policial en beneficio de los especuladores. En otro boletín señalan que “no se ha cometido delito de usurpación puesto que el edificio no tienen propietario y, de tener alguno, éste sería el pueblo de Cádiz, precisamente quien ha recuperado Valcárcel y quien lo utiliza a diario. (…) Con todos nuestros respeto al movimiento okupa, a los perros y a los flautistas, en Valcárcel entra y participa gente de toda condición y pelaje. De niñas pequeñas a señores que peinan canas. De jóvenes parados a profesores de universidad. De amas de casa a pibes comparsistas. De viñeras a Erasmus extranjeros. Hay actividades para todos los gustos y deseos. Pueden ustedes venir una tardecita cualquiera y comprobarlo. Eso sí: ni violent@s, ni racistas, ni homófob@s, ni intolerantes, ni sexistas... esa gente que se queden fuera. Ah, y la gente aprovechada, caradura, oportunista e insolidaria, tampoco nos cae bien. Y, ya sabes, nada de alcohol ni drogas. ¡Mantén tu mente despierta!

Durante la visita por el centro se pueden percibir otros signos de simpatía con la okupación. Por un lado, una pancarta modesta en el patio interior que tiene el símbolo okupa (el círculo con una flecha atravesada) con forma de corazón y que colocaron en solidaridad con el desalojo del CSOA Kukutza el pasado mes de septiembre en Bilbao. Por otro lado, en una de las salas de la planta baja nos encontramos con una obra artística titulada “María Santísima de la Okupación”. Uno de los panfletos disponibles en la entrada también esclarece las afinidades: “Una okupación diferente, un proceso de transformación... Seis meses a nuestras espaldas han demostrado cómo la autogestión, la organización asamblearia y la horizontalidad pueden ser los pilares de proyectos tan ambiciosos como VR. (…) Y todo esto de forma abierta, gratuita y participativa.” La oficina de okupación, por su parte, según M., se reúne semanalmente en VR para asesorar en cuestiones de vivienda, desahucios y okupación, aunque no parece tener una actividad ni una repercusión muy intensas. Por último, en la página web de VR se advierten los enlaces a diversos Centros Sociales Okupados de otras ciudades.

M., en particular, pasó dos meses en Madrid viviendo en una okupación, aprendiendo de las experiencias de los Centros Sociales Okupados y reconociendo que VR se asemeja bastante a estos últimos:

Eso fue coincidencia: C. se pasó por aquí, se integró en el proyecto, en la asamblea, me conoció, lo conocí... Y como tenían allí [en La Barraka, vivienda okupada de Madrid] una habitación libre, pues yo dije “venga, para allá voy, para aprender, para saber qué se movía por Madrid”. (…) He aprendido que al final todo el mundo terminamos haciendo lo mismo. Este proyecto nos parecía que aquí no tenía referencias (…) Entonces todo era como que estaba en ebullición y no sabíamos si íbamos a ser capaces de llevarlo adelante o si no, y cuando yo fui a Casablanca [CSOA de Madrid] me di cuenta de que, más o menos, la dinámica era la misma. (…) Aquí [en Cádiz] no hay nadie que saque una bandera por la ventana diciendo que es una okupa. (…) Había gente que conocía Casablanca, la Kukutza... (..) “Recuperado” es para que la gente no tenga miedo de entrar aquí, y que la abuela que pase con el nieto, entre. Pero yo no sé hasta qué punto la ignorancia es totalmente negativo. (…) En caso extremo también hay que explicarlo: “señora, usted entra aquí pero si viene la policía a desalojar no se eche las manos a la cabeza...” (…) Yo esta mañana repartía los panfletos como okupación.” (M.)

El uso preferente del adjetivo “recuperado” en lugar de “okupado”, pues, responde más a una estrategia por presentar públicamente la imagen de un Centro Social abierto al vecindario que por un distanciamiento de los postulados principales de la okupación tanto en lo que se refiere a su crítica de la especulación urbana, la privatización y la carencia de espacios sociales asequibles, como en cuanto a su cimentado modelo de autogestión horizontal, asamblearia y autónoma de organizaciones partidistas. Tal como insisten en la copiosa información fotocopiada que proporcionan:

Te pedimos que no seas un mero consumidor del espacio. Aquí se entra gratuitamente y gratuitos son los talleres. Lo único que se pide es participación. VR es una escuela de autoorganización. Ven, participa y hazlo tuyo (que no debe tomarse como “toma tu parte” sino como “implícate en el espacio “ e “imprime aquí tus capacidades”). (…) Existe todo un listado de tareas (mantenimiento, limpieza, observancia de las normas e información sobre las mismas, difusión de la programación, etc.) que están ahí para que cualquiera las realice y porque, de hecho, todo aquel que entra en Valcárcel debería realizar. Si tu nivel de implicación es mayor, cosa deseable, puedes entrar en los grupos de trabajo que deberían ser rotatorios y oxigenados con savia nueva. Y recuerda: si no queremos obedecer ni ser obedecid@s, debemos aprender a autoorganizarnos y a trabajar junt@s. (…) Desde el principio hemos evitado que dentro del edificio haya símbolos políticos. Aquí cada una es de su madre y de su padre y cada uno tiene sus ideas políticas, pero lo que no nos une, ya sabemos que nos separa. Por eso nuestras banderitas y pegatinas partidistas las dejamos mejor en casa. La inteligencia colectiva sólo funciona trabajando codo con codo. (…) Si algo late en lo más hondo del corazón de VR es la voluntad firme de aprender a relacionarnos y auto-organizarnos de una manera nueva para la que nunca fuimos educados pero que vamos poco a poco construyendo: el asamblearismo horizontal. Una persona, un voto. Todo por consenso. Oyendo a quien no piensa como tú, respetando la palabra de quien sabe y de quien no, escuchando a quien tiene experiencia y a quien acaba de llegar. Estamos poniendo en experimentación la Democracia Directa. (...) Valcárcel está siendo naturalizado por la gente, usado sin miedo y con ilusión por el barrio y, en fin, recuperado por el Pueblo.”

VR, en definitiva, es un Centro Social Okupado en el que no se menciona con frecuencia el término ’okupación’ y donde existe un vínculo muy estrecho con las necesidades sociales de la población del barrio frente al desentendimiento de las autoridades más preocupadas por la promoción turística, hotelera y los grandes eventos (como el actualmente en marcha Bicentenario de la Constitución de 1812):

Aquí el respaldo del barrio es muy importante. Si tú okupas y no hubiese respaldo, aquí no hace falta que venga la policía a echarte, ¿sabes? Porque habrían echado esto abajo. Aquí, policía no, estamos muy tranquilos... Hay gente del barrio [entre quienes han okupado] y gente que no lo es. El barrio necesitaba algo alternativo. Ahora Cádiz está abogando por el turismo y por la gente de fuera, pero no por la gente de aquí. La gente de aquí sigue sin trabajo. Para la chavalería no hay ningún sitio donde ir. (…) Lo que funciona es el boca a boca. Aquí llegó la primera madre a la escuela de verano y le diría a otras madres a las cuatro de la tarde, a la hora del café: “ha estado toda la mañana y el niño se ha ido la mar de contento” Y al día siguiente en vez de uno había cuatro, y al otro 16, y al otro 33. (…) Aquí una parte importante es darle acceso a las personas que económicamente no pueden. ¿Por qué un niño no puede ir a unas clases particulares de inglés si no tiene 50 euros al mes para pagarlas?” (M.)

La influencia del 15M

Al indagar en el origen de esta okupación y en sus vínculos con el 15M aparece constantemente una ambigüedad significativa: VR era objeto del deseo mucho antes del 15M por diversos activistas pero las manifestaciones, asambleas y debates intensos propiciados por el 15M les animaron a dar el paso definitivo a franquear las puertas clausuradas durante casi una década. La mayoría de ese conjunto de activistas había participado en el 15M: nuestra informante, por ejemplo, estuvo acampada durante más de un mes. Una vez abierto VR al público, la asamblea del centro histórico de Cádiz, la que se reúne en la plaza del Palillero, consensuó su apoyo a la “recuperación” aunque de momento mantiene sus encuentros en la plaza. Algunos grupos de trabajo surgidos del 15M se han reunido en VR (los grupos de educación y la plataforma contra la crisis, por ejemplo) y desde la página web de éste (http://valcarcelrecuperadocadiz.wordpress.com/) hay información y enlaces a las actividades del 15M.

El 15M sirvió para agrupar a toda la gente que tenía idea de hacer un proyecto en común [para el espacio de VR]. Ninguna de las reuniones previas se hizo en la acampada, nunca se quiso vincular esto a... Se aprovechó la euforia del momento pero fue un grupo de ciudadanos a título individual el que okupó Valcárcel. En la asamblea de Palillero se pidió apoyo a Valcárcel y, evidentemente, 15M apoya Valcárcel y Valcárcel apoya al 15M. (…) Aquí básicamente todo el mundo está indignado. No todo el mundo se siente parte del 15M pero sí que la mayoría se vinculan con el 15M. Cádiz es muy chico: el que está en Valcárcel está en el 15M, el que está en el 15M están en Valcárcel... Yo sí sigo vinculada [a la asamblea de Palillero].” (M.)

Quizá sea el discurso empleado desde VR lo que más asemeja su acción directa de okupación a la crítica general a las élites por su responsabilidad en la depresión económica que padecemos. Por ejemplo, en el primer boletín de La Casa Grande señalaban: “nuestro querido edificio Valcárcel fue recuperado cívicamente para salvarlo del lamentable estado de abandono y dejadez en el que se encontraba por la negligencia de sus responsables (…) decenas de iniciativas tienen ya cabida en un proyecto inclusivo, desligado de organizaciones políticas, que desea otorgar todo el protagonismo a la sociedad civil gaditana, a sus propuestas, a sus inquietudes y a sus necesidades. Pero en VR se está gestando mucho más que ocio y cultura. Un grupo cada vez más nutrido de ciudadanas y ciudadanos se encuentran, hablan y debaten, piensan en común sobre la ciudad y sus problemas, sobre los tiempos extraños en que nos hacen vivir y en cómo podríamos, de forma asamblearia y común, comenzar a poner en marcha otras formas de vivir y de relacionarnos.” Un artículo en el Diario de Cádiz (el 23/12/2011) haciendo balance de la repercusión del 15M en la ciudad no dudaba en asociar los dos acontecimientos, el 15M y VR, como parte del mismo ciclo de movilizaciones recientes en la ciudad. Aunque en esos discursos no siempre se enfatiza con claridad la crítica al neoliberalismo y a la privatización de los bienes comunes, ni se etiqueta al 15M con una orientación política de izquierdas cuyos perfiles se hallan bastante desdibujados en el ámbito institucional (electoral y parlamentario), la acción de VR y sus propósitos explícitos tienen la ventaja de concretar esa crítica en un emplazamiento específico.

El discurso predominante en el 15M interpeló a la ciudadanía en general (o al pueblo) para que se levantase pacíficamente contra las élites económicas y políticas. Esos sujetos políticos tan inclusivos, a la vez que imprecisos, han sido utilizados igualmente por VR (por ejemplo, “VR es hoy por hoy un referente de cómo la ciudadanía organizada puede hacer realidad sus inquietudes políticas y culturales sin la tutela de ninguna institución ni organización política”) aunque en las conversaciones informales emerge una reiterada apelación al barrio, al vecindario en toda su variedad y asumiendo sus diferentes condiciones sociales, al que se le ofrecen servicios gratuitos y espacios asequibles, además de invitarle a participar en la autogestión de los mismos. La parrilla de actividades (conciertos, recitales, conferencias, comedor, locales de ensayo para agrupaciones carnavalescas, “guardería” infantil, tienda gratis, etc.), talleres (de bicicletas, aprendizaje de idiomas, quiromasaje, expresión corporal, batucada, ajedrez, yoga, bailes latinos, universidad libre, etc.) y hasta una especie de museo (el Aula del Mar) son suficientemente nutridas como para atraer a una amplia diversidad de la población circundante, pero, como es habitual, más difícil resulta que la mayoría se integre en los grupos de trabajo regulares, en los sábados de limpieza y en la asamblea semanal. Tampoco han llegado a aprobarse iniciativas de autoempleo duraderas, de momento, posiblemente por las temidas contradicciones con la gratuidad y accesibilidad que se pretende para la gente con menos recursos. No obstante, sí se ha consensuado la venta de camisetas y bebidas no alcohólicas en los conciertos ofrecidos, además de admitir en todo momento donaciones individuales “y de pequeñas empresas” (a tal efecto hay un bote en la entrada).

Otro aspecto que liga a VR y al 15M se puede apreciar en la transparencia informativa: “Todas las asambleas son abiertas, las actas se hacen públicas en Internet, a las reuniones de los grupos de trabajo pueden asistir hasta nuestros amiguitos de la policía secreta y todas las actividades son absolutamente libres y gratuitas. Si alguna vez hemos desconfiado de la prensa y hemos preferido no hacer declaraciones a algunos medios concretos o no aparecer en sus fotos es por razones de tipo jurídico o, simplemente, porque algunos medios han sido tan hostiles con nuestro proyecto que no había ganitas ni de verles la cara. Pero eso no ha sido, desde luego, la tónica habitual.” Entre esos medios hostiles apuntan al Diario de Cádiz por “declarar el desalojo” de VR cuando simplemente tres personas fueron citadas por el Juzgado de Instrucción a raíz de la denuncia presentada por la propiedad (Zaragoza Urbana S.A.) en el mes de septiembre. Ninguna orden de desalojo había sido dictada por ese u otro juzgado, pero en el diario local más influyente se hizo cundir el pánico y un mensaje de riesgo e ilegalidad que podría alejar de VR al público simpatizante. En todo caso, cuando VR ha acogido a artistas famosos, como el músico Javier Ruibal o los escritores Almudena Grandes y Luis García Montero, esos eventos también han tenido eco en los medios de comunicación comerciales que siguen teniendo las puertas abiertas para pasarse por el Centro Social en cualquier momento.

Decidir, afrontar los conflictos, limpiar... autogestionar

No cabe duda de que VR, después de más de seis meses de trayectoria, es más que un experimento de autogestión. El Centro Social tiene un aspecto pulcro y ordenado, con muchas cartulinas y mensajes indicando normas, recomendaciones, lugares donde desplegar la fluida vitalidad que se desliza por sus anchos pasillos y estancias. También ha superado conflictos que, no por minúsculos, acechan menos los pilares de la siempre frágil convivencia colectivizadora: los robos puntuales de instrumentos musicales o de bicicletas, el abuso de quien pretendía prolongar indefinidamente el alojamiento temporal que se le proporcionó, las tensiones que se generan entre quienes trapichean habitualmente fuera del Centro Social y sus clientes al saber que en VR no se admite ese negocio bajo ningún concepto, el consumo de hachís y de cervezas también vedado dentro de VR, la afluencia siempre escasa de personal voluntario para las jornadas de limpieza y arreglos de los sábados... Esos son sólo algunos de los que nos narraron, quizá los más recientes o explícitos. Pero la autogestión tiene su cara más brillante en una sólida estructura de decisiones basadas en las contribuciones múltiples y constructivas de todos/as quienes participan en el Centro Social. 6 grupos de trabajo (logística, comunicación, difusión, programación, información y técnico-jurídico) tienen sus propias reuniones semanales y desarrollan sus actividades propias. Se coordinan todos los lunes a las 18,00 h. en la Asamblea Integrupal donde, además, se preparan la Asamblea General y las asambleas temáticas (de periodicidad extraordinaria), y donde se recogen también las propuestas nuevas de quienes quieren hacer uso de los espacios de VR.

El espacio principal para decidirlo todo es la Asamblea General. Esta es abierta y se lleva a cabo todos los lunes a las 20,00 horas. Para que funcione hay 4 personas voluntarias que desempeñan los trabajos de moderar (preparan el orden del día, evitan que se desvíen los temas y van “guiando” la asamblea), facilitar (van recogiendo en una pizarra los acuerdos, calman los ánimos si hay “bronca” y ayudan a moderar), tomar los turnos de palabra (cuando surge un debate se habla por turno, si diálogos entre dos, para que todo el mundo pueda expresar su opinión) y recoger el acta (que luego se pasa a ordenador y se manda por correo electrónico para asegurar la transparencia). Como no votamos, en estas asambleas se llega a acuerdos por consenso, trabajando para que lo acordado sea aceptado ampliamente. En estas asambleas el orden del día suele consistir en una exposición de la actividad de los grupos de trabajo, después una exposición de propuestas elaboradas para su debate colectivo y, por último, un turno de información libre. También se están llevando a cabo unas Asambleas Generales llamadas monotemáticas en las que se debaten las ideas con las que se va construyendo colectivamente VR, que se esbozaron en unas jornadas de reflexión interna llevadas a cabo en septiembre y que contaron con una alta asistencia. (…) En la actualidad los grupos de trabajo se encuentran faltos de personas, y, sobre todo, de personas nuevas que asuman la responsabilidad que supone organizar el trabajo y la convivencia en un espacio tan grande y en un proyecto tan amplio.” (La Casa Grande, diciembre 2011)

Como resulta evidente, los modelos de autoorganización se ponen en práctica de acuerdo a las realidades sociales concretas de cada entorno. En el caso de VR, M. destacó la diversidad de edades (y no tanto de ideologías) como la principal circunstancia local a tener en cuenta a la hora de deliberar en las asambleas y acercar posturas:

Yo lo que he visto en Madrid es la diferencia de edad. Y el llegar a un respeto. No sé, el respeto que hay aquí en realidad es muy bonito. Muchas veces te mosqueas y sales de una asamblea y no consigues nada, es que me he llevado allí tres horas de asamblea y no he conseguido nada. Pero un día a las cuatro de la tarde te llega la abuela de turno con el café, “mira, sabía que estabas por aquí”, y con los niños que vienen a jugar... En ciertos momentos te frustra. (…) Aquí todo el mundo tiende más a la izquierda que a otra cosa. Aquí una de las cosas que se dijo es que: “¿símbolos para qué, para qué dividirse­?” Si todo el mundo tenía los objetivos en común, pues lo suyo sería lucha por esos objetivos en común. Cuando se consiga eso consolidado pues ya se verá en qué discrepamos tú y yo, pero por ahora para qué vamos a sacar eso a flote.” (M.)

En fin, VR es una prueba más del potencial creativo y autoorganizador de la gente que se opone a la destrucción planificada y orquestada por las autoridades y gestores del capitalismo. Creación y oposición son fuerzas indisociables hacia fuera de la misma manera que autonomía y autogestión son fuerzas orientadas hacia el interior del Centro Social, no exentas de la necesidad de lidiar con conflictos y debates estratégicos que son cruciales en la definición de su futuro. La okupación, en este caso, se ha utilizado como una herramienta de superación del estado de pasividad, resignación y obediencia con el que se sometía a las clases subordinadas. Pero la acción directa de okupar ilegalmente un edificio abandonado o, simplemente, pendiente de los ritmos marcados por las artimañas especulativas y privatizadoras, se articula políticamente con el contexto local en el que se interpretan estas acciones de resistencia y autoorganización populares, por lo que sus animadores prefieren denominarla “recuperación” sin perder la afinidad con las prácticas y principios de los centros sociales autónomos y okupados. La efervescencia del movimiento 15M impulsó en ese contexto la acción de tomar el edificio y de abrirlo a la diversidad social que lo sostiene, revitaliza y legitima con su uso. Pero VR no es un apéndice del 15M sino una más de sus derivas virtuosas que pone de manifiesto los frutos posibles de la convergencia entre movimientos sociales que apuestan por una transformación radical del capitalismo y de la democracia neoliberal. A la vista de su ya excelente recorrido, este tipo de reapropiaciones y colectivizaciones nos auguran un nutrido presente de oportunidades semejantes al alcance de la mano, en Cádiz y en muchos otros lugares.

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